DIEZ SEÑALES QUE LE INDICAN QUE SU HIJO PUEDE ESTAR DROGANDOSE.
Tomado de: http://app.eltiempo.com/estilo-de-vida/salud/diez-senales-que-le-indican-que-su-hijo-puede-estar-drogandose/15812856
Es un hecho: los jóvenes son proclives a consumir drogas a edades cada vez más tempranas. A los 12 años, muchos escolares tienen su primer contacto con el cigarrillo y el alcohol.
Así lo demuestra el ‘Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar del 2011’, según el cual, al menos el 12,1 por ciento de todos los estudiantes colombianos declaró en algún momento de su vida haber consumido sustancias de las llamadas ilícitas, como marihuana, cocaína, popper y disolventes.
De acuerdo con María Mercedes Dueñas, jefa del área de reducción del consumo de drogas de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), estos datos contrastan con la percepción que tienen los padres de sus hijos: la mayoría cree que ellos jamás probarían las drogas. Y refuerzan este pensamiento con la premisa de que, como los muchachos están “muy bien educados”, es difícil que tengan contacto con sustancias peligrosas.
Desafortunadamente, y tal como lo revelan las últimas encuestas en ese sentido, en más de la mitad de los casos los papás acaban enterándose del consumo de sus hijos cuando ya han avanzado en esta conducta.
Buscando llenar este vacío, la oficina UNODC, dentro de su campaña ‘Las drogas pueden cambiar tus planes: métele mente y decide’, pone en conocimiento de los padres una serie de señales que pueden evidenciar el uso de drogas. El objetivo es que, de presentarse el caso, las familias puedan reaccionar bien y a tiempo.
Augusto Pérez, director de la Fundación Nuevos Rumbos y Ph. D. en Drogadicción, dice que, contra lo que muchas personas creen, saber identificar si alguien está consumiendo sustancias psicoactivas no es tan evidente, salvo en fases avanzadas.
Por ejemplo, dice el especialista, los ojos rojos no son necesariamente indicadores del consumo de marihuana. Los consumos ocasionales de drogas son mucho más difíciles de detectar, sobre todo con sustancias como el éxtasis.
Tras analizar el tema, tanto Dueñas, de la UNODC, como Pérez coinciden en 10 indicadores claves que, tomados en conjunto, podrían activar las alarmas.
Pérez insiste en que ninguno de estos signos por sí solo es un indicador fidedigno, pero encontrarlos en posesión de restos de drogas o de artefactos raros (asociados al consumo) es importante, sobre todo si la respuesta es aquella tan común: “un amigo me lo dio para que se lo guardara”.
Fuente: libro ‘Profesión papás’, de Augusto Pérez, Ph. D. en Drogadicción, director de la Fundación Nuevos Rumbos.
1. Cambio abrupto de amigos. Es muy importante tener en cuenta esta situación, sobre todo si las nuevas amistades presentan comportamientos inusuales o muy diferentes de los que caracterizaban a su hijo.
2. Gastos misteriosos. Cuando los gastos sean excesivos, sin que exista evidencia de en qué se invirtió, los papás deben abrir los ojos porque algo puede estar pasando.
3. Pérdida de objetos o dinero de la casa. Este indicio es importantísimo: como los jóvenes no tienen dinero, echan mano de lo ajeno para conseguir lo que quieren.
4. Cambios de hábitos. Si de la noche a la mañana un adolescente deja de hacer deporte, empieza a interesarse por la vida nocturna, cambia los horarios de alimentación de manera brusca o tiende a encerrarse, préstele atención.
5. Fluctuaciones en el estado de ánimo. Esté atento si su hijo pasa de la tranquilidad a la agresividad, irritabilidad o al mal genio de manera casi inexplicable. Aunque estos cambios pueden ser comunes en los adolescentes, en caso de que se vuelvan persistentes présteles atención.
6. Mentiras frecuentes. Si el joven presenta inconsistencias al preguntarle con quién estaba o qué estaba haciendo, indague sobre esta situación, sobre todo si se vuelve una conducta repetitiva.
7. Descuido personal. Ojo a los cambios bruscos en los hábitos de aseo y al desarreglo; algunos jóvenes prefieren guardar el dinero que les puede llegar para no invertir ni siquiera en ropa.
8. Bajo rendimiento escolar o deserción. Esta es una señal vital, sígale la pista, sobre todo si tradicionalmente su rendimiento había sido bueno.
9. Periodos inexplicables de enfermedad. Los jóvenes pueden buscar incapacidades por salud para invertir el tiempo en otra cosa.
10. Ruptura de vínculos familiares. Aunque es algo común en los adolescentes, por lo menos se mantienen algunos lazos, pero la pérdida de todos es una señal importante de alarma.
¿Qué hacer?
Prepárese. Independientemente de la educación de su hijo, usted debe estar preparado para hablar con él del tema a partir de los 11 años y de manera seria.
Información. Tenga claro que mientras sus hijos no sean mayores de edad, usted debe saber siempre dónde y con quién están. Eso debe ser una exigencia permanente.
Confronte. Si tiene sospechas o dudas, no se quede callado; siéntese inmediatamente con su hijo y confróntelo sin agresividad, simplemente charlando.
Actúe. Si sus sospechas se incrementan, encuentra señales de consumo o la parafernalia utilizada con ese fin, mándele a realizarse un examen toxicológico.
Inventario. Haga una lista de los amigos, los gastos, actividades y rendimiento académico del joven para hacerle un seguimiento permanente.
No se apresure. Si tiene que tomar decisiones frente a tratamientos por certezas de consumo, consulte a una persona experimentada en este tema. Recuerde que un médico general o un psicólogo no necesariamente saben cómo ayudar.
Revise. No lleve directamente a su hijo a los centros de tratamiento. Primero solicite explicación en detalle de los modelos de intervención, de las reglas de funcionamiento y verifique si cumple con los estándares éticos internacionales.
Denuncie. Cuénteles a las autoridades si encuentra personas cercanas que están induciendo el consumo o promueven la venta de estas sustancias; también si halla sitios con ofertas de tratamientos sospechosos.
Clic en el siguiente link para ver el video:
Pertinencia de la información sobre consumo de drogas
Adicción al bazuco va más allá de los estratos 1 y 2
Solo en la clase media, el número de consumidores rodea los 3.000, según el Distrito.
Fuente: http://www.eltiempo.com/
Hace tres años comenzó a llevar una doble vida. Todas las noches, vestido de paño, sale del trabajo y camina hasta una esquina del barrio Garcés Navas, en el occidente de Bogotá, para comprar unas ‘bichas’ de bazuco, que no le cuestan más de 15.000 pesos.
El caso de este hombre es similar al de otros 10.000 consumidores colombianos, que sin ser habitantes de la calle están esclavizados por una de las drogas más destructivas que existen. La mayoría de los adictos pertenecen a los estratos 1, 2 y 3, un sector de la población que cada día hace más lucrativo el negocio de la venta de drogas ilegales.
“Le coge el alma a la persona que muerde el anzuelo y es muy difícil liberarse. Se sufre un deterioro cognitivo y cerebral muy grave. Si se consume bazuco o bóxer, el daño es superior al que generan otras drogas”, explica Felipe Cárdenas, antropólogo y experto en temas de salud de la Universidad de la Sabana.
El bazuco, una sustancia compuesta por cocaína, ladrillo molido y hasta detergente, es altamente adictivo. Causa alucinaciones, agresividad y delirio de persecución; al principio, genera una sensación de placer y luego, de angustia.
Según Cárdenas, “los procesos de adicción duran toda la vida”. Eso, sumado a su bajo costo (entre 1.000 y 2.000 pesos la dosis) y a la facilidad para adquirirla, ha hecho que se abra camino en la clase media.
Y los datos así lo indican: según el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia 2013, aunque la mayoría de la población consumidora de bazuco se concentra en los estratos 1 y 2 (13.810 y 24.734 personas, respectivamente), en el 3 ya hay motivos para alarmarse.
En sus cuentas, de las 49.756 personas que usaron esa droga el año pasado en Colombia, 6.387 pertenecen al estrato 3 y 4.825 a los estratos 4, 5 y 6.
Un panorama igualmente dramático se presenta en Bogotá, donde el mercado de esta droga, según la Fundación Ideas para la Paz (Fip), mueve al menos 508.000 millones de pesos al año, es decir, unos 1.392 millones al día –un consumidor habitual compra entre 10 y 20 papeletas diarias–.
Aunque no hay precisión sobre las cifras de consumidores de bazuco en los estratos 4, 5 y 6, se calcula que en toda la ciudad hay unos 22.000, y que cerca de 2.700 son de estrato 3 (12 por ciento). Y hay más: el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad reportó el año pasado 3.000 nuevos casos respecto del 2009. Por ejemplo –sostiene Jonathan Nieto, subsecretario de Convivencia y Seguridad–, existen adictos de localidades como Engativá y Suba que han terminado por vivir en la calle.
Ese es el caso de David, de 37 años, quien cayó en el bazuco hace seis. Vivía con sus padres y tenía un empleo como preparador físico, que abandonó por la droga. No le importaba vender sus cosas o empeñarlas para conseguir unas dosis. “Salía a la calle y me escondía de la Policía y de mi familia –recuerda–. Me daba miedo todo. Me vestía bien, con ropa de marca y relojes finos. Cuando se me acababa la plata, entregaba lo que fuera”.
En ocasiones, la adicción viene acompañada de delitos menores y mayores. En ciertos sectores, la droga está relacionada estrechamente –según Nieto– con las lesiones personales, los homicidios y la lucha territorial. Incluso, en la entrada de algunos colegios los ‘jíbaros’ regalan droga a los niños como ‘estrategia de mercado’.
Y la rehabilitación, ¿qué?
Pese a que la marihuana y la cocaína siguen siendo las drogas que más se consumen en Bogotá, el número de adictos al bazuco es crítico, y hay carencia de programas para tratarlos.
Mientras el Distrito les apostó a los Centros de Atención Móvil para Drogodependientes (Camad), con el fin de asistir a habitantes de calle, y la Secretaría de Salud informa que hace un trabajo de prevención en los colegios, no hay una política que abarque el fenómeno totalmente.
“No hay programas efectivos en la solución o rehabilitación del bazuco. No hemos mejorado en su diseño porque no se ha realizado una planeación participativa. Hay muchas personas que lo enfrentan y no hay solución”, explica Amy Ritterbusch, profesora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes.
‘Yo era estrato 6 cuando lo probé’
“Caían las 5 o 6 de la tarde y comenzaba a soplar. Lo hacía toda la noche y me regresaba a la casa sin un peso en el bolsillo.
“Empecé fumando cigarrillos con bazuco; podía fumarme hasta 100 en tres horas. Cuando me pasé a la pipa, bajó la frecuencia porque andaba asustado por más de 40 minutos, entonces ‘metía’ menos.
“Venía de un estrato 6 en Cali, tenía plata y, desde los 11 años, andaba en barrios pesados. Conocí la marihuana, la cocaína y las pastillas. Todo lo pagaba yo. “Consumía entre clases. Llegó un punto en el que ya no volví al colegio. Después me interné y duré tres años limpio. Pero recaí y a los 19 o 20 años probé el bazuco para ver qué se sentía y solo paré cuando la mamá de mi hija quedó embarazada, de eso hace ya cuatro años. “Tristemente, hace cinco meses otra vez busqué la droga. Mi mamá falleció, luego de luchar tres años contra un cáncer, y eso me dio muy duro. Caí de nuevo en la cocaína y en el alcohol, y estuve a un paso de coger la pipa. Siento tristeza y resentimiento conmigo mismo.
“Hace mes y medio volví a un centro de rehabilitación para curarme; aunque sé que no es fácil, no quiero volver a una vida de perdición”.
Andrés, consumidor desde hace 14 años.
¿Qué está pasando?
Mientras para Isaac de León Beltrán, consultor de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el mercado del bazuco sigue afectando básicamente a los estratos 1 y 2 y al habitante de calle, hay quienes insisten en que el problema está oculto en los demás estratos y que hay que prestarle atención.
David González, psicólogo de la Fundación la Luz –especializada en rehabilitación–, cree, por su parte, que pocas veces los casos de consumo de bazuco en los estratos 3, 4, 5 y 6 son públicos. Esto, porque algunas familias, con el ánimo de proteger al adicto, permiten que se droguen en casa. Solo en ese centro hay 110 pacientes, en su mayoría adictos al bazuco y de estratos medios y altos.
Amy Ritterbusch, docente de la Universidad de los Andes, asegura que esta sustancia es principalmente de la calle. Pero coincide con los otros expertos en que se han conocido múltiples casos en otros círculos sociales.
ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
Redactora de EL TIEMPO
Viaje al cerebro de un drogadicto
La investigadora Nora Volkow habló de sus revolucionarios estudios sobre farmacodependencia.
Fuente: http://www.eltiempo.com/
Nora Volkow tenía 4 o 5 años cuando, entre las plantas del jardín de su casa natal en Coyoacán, se sentaba a ver caminar las colonias de hormigas en fila india. Le parecía fascinante: su mente le decía que ese desfile no era casual.
Después, en su adolescencia, ella y sus tres hermanas pasaron muchas tardes guiando a visitantes por la casona. Era Ciudad de México y despuntaban los años 70. La vivienda era histórica: aquí habían asesinado, en 1940, a uno de los tres líderes de la revolución rusa. Nora creció con conciencia de venir de una familia protagonista de la historia: el líder asesinado era su bisabuelo León Trotski.
Desde que observaba hormigas y a la gente en la calle –le fascinaba la interacción humana–, Nora Volkow vio transcurrir medio siglo. Y hoy, a los 59 años, convertida en una de las grandes expertas en el estudio del cerebro y referenciada por muchos como la mayor especialista en adicciones del mundo, vuelve a su infancia para explicar su camino en la investigación.
“Por nuestra historia y la tragedia que mi familia vivió en Coyoacán, todos aprendimos que cada ser humano es responsable de sí mismo, pero también de la humanidad. Hacer ciencia es ampliar el conocimiento, y yo me propuse generar avances científicos no solo para Estados Unidos, no solo para México, sino para todo el mundo. El cerebro humano ha sido mi campo de estudio. Y hemos avanzado”, afirma.
En el 2007, Time la nombró entre las 100 personas más influyentes del planeta. Ese año, el editor de la revista, Richard Stengel, explicó: “Esta lista la componen personas cuyas ideas, ejemplo, talento y descubrimientos han transformado el mundo en que vivimos”. Ese mismo año, Volkow fue reconocida por Newsweek; en el 2009 y el 2011, por Washingtonian Magazine y, desde el 2000, por U. S. News & World Report.
Víctimas, no viciosos
Esta psiquiatra y neurocientífica, que trabaja en investigación de punta en Estados Unidos –a donde emigró muy joven en busca de su pasión, el estudio del cerebro–, es la cabeza del Instituto Nacional de Abuso de Drogas, en Bethesda (Maryland). Gracias a sus investigaciones, en las que ha invertido 30 años, está logrando cambiar los parámetros: hoy se sabe que los adictos a la marihuana, la cocaína, la heroína y otras drogas legales –así las califica ella–, como el alcohol y el cigarrillo, no lo son por su voluntad: diversas disfunciones de su cerebro no los dejan vencer su adicción. Se los considera enfermos. Y, dice Volkow, quien ha dedicado su vida profesional a estudiar los procesos cerebrales que juegan un rol en la adicción, es bueno que el mundo comience a mirarlos como víctimas, no como viciosos.
“El cerebro humano es mucho más complejo que el de los monos o los ratones, pero estos animales han ayudado a nuestras investigaciones. Descubrimos, por ejemplo, que la dopamina, un neurotransmisor cerebral, juega un rol esencial. Si comer un chocolate o aspirar cocaína por primera vez se siente como un estímulo placentero, el cerebro libera dopamina y activa los centros del placer. Si mañana nos repiten el estímulo, solo con mirar el chocolate o la cocaína sentimos el impulso y la liberación de la dopamina”, explica.
El cerebro, dice la doctora Volkow, crea automáticamente una memoria de liberación de dopamina ante un estímulo placentero. Y con solo volver a sentirlo o presentirlo (mirarlo, por ejemplo), bien sea alcohol, comida, sexo, cigarrillo o heroína, queremos probarlo de nuevo. Se trata de una química no solo del placer, sino también de la motivación humana, de un sistema inserto en el cerebro desde tiempos inmemoriales para perpetuar la especie.Así fue como la evolución aseguró la supervivencia del hombre.
Pero este mecanismo cerebral automático perdió la ruta en algún momento. “Nuestro sistema quiso asegurarse, en el plano evolutivo, de que el ser humano nunca dejara de perpetuarse. Por eso, la comida y el sexo son placenteros –arguye Volkow–. Pero las drogas esclavizaron el sistema y lo desnaturalizaron. Nuestro cerebro no se creó para que consumiéramos drogas, pero estas ‘hackearon’ el sistema y crearon la adicción. Cuando empecé a trabajar, en los 80, se sabía que todas las drogas activaban la dopamina, pero yo me pregunté por qué algunas personas probaban la cocaína y la dejaban, mientras que otras se convertían en adictos. La activación de la dopamina era idéntica en ambas, pero una caía y la otra no. Esta pregunta fue la base de mis investigaciones”.
Obsesionada, la experta se metió de lleno en el estudio del cerebro y sus procesos. Ella intuía que ahí estaba la respuesta a sus interrogantes sobre las adicciones.
“Si la curiosidad mató al gato, yo debería estar muerta. Desde que estudiaba medicina en México, me pregunté por el efecto de las drogas en el cerebro –cuenta–. Un día cayó en mis manos una revista científica que hablaba de imaginología, una tecnología que permitía estudiar el cerebro en personas vivas, algo jamás visto, inédito. Decidí irme a Estados Unidos, al laboratorio nacional de Brookhaven, en Long Island, a trabajar con esta nueva técnica. Ahí comencé mis investigaciones”.
Entonces tenía 23 años. Decenios de labor en Estados Unidos, donde se casó con un físico, le permitieron llegar a su principal hallazgo: Nora Volkow y su equipo de investigadores demostraron que la corteza frontal del cerebro de los adictos a drogas está dañada en distintos grados. Hasta que la mexicana lo dio a conocer –a la fecha ha publicado 600 papers y tres libros–, nadie le había dado importancia a la corteza frontal en las adicciones humanas.
“Hasta entonces, la corteza se reconocía como el área del cerebro donde se gestan el poder de decisión, los juicios y el pensamiento abstracto. Nuestras investigaciones permitieron caracterizar procesos de desajuste cerebral y reconocer que, en los adictos, la corteza frontal –que controla deseos y emociones– estaba afectada”, resume.
Con ese descubrimiento, la científica inauguró una nueva mirada sobre el camino de la adicción.
Obesidad y déficit de atención
“Lo central para nosotros ha sido entender los procesos que conllevan la pérdida de control en los adictos a las drogas. Cuando empecé a investigar, se pensaba que ellos elegían los narcóticos por placer. Yo demostré lo contrario. Al comprender que en todos ellos la corteza frontal del cerebro está dañada en diversos grados –la de un fumador no es igual a la de un heroinómano severo–, llegamos a la conclusión de que este enfermo no tiene la capacidad de controlar sus deseos y emociones. Por eso termina adicto”, agrega esta bisnieta de Trotski, reconocida como “una campeona en la integración de la ciencia a la medicina”, según un experto en drogas de la Universidad de Pensilvania, y como una “científica brillante”, según el director del Instituto de Dependencia Química Rothschild del centro médico Beth Israel, de Nueva York.
La curiosidad de Volkow ha extrapolado su trabajo a otras áreas, como la obesidad y el déficit de atención. Ella descubrió que hay rasgos comunes en obesos y adictos: ni unos ni otros quieren estar donde están, pero no pueden parar de consumir (narcóticos o comida). En los obesos, la corteza frontal tampoco funciona correctamente.
“Así es la ciencia. Un hallazgo puede conducirte a diversas áreas de investigación, y el conocimiento se va expandiendo”, celebra Nora.
Gracias al trabajo de esta neurocientífica y su equipo de investigadores, hoy la ciencia considera que un adicto no es un vicioso, sino un enfermo que necesita ayuda. “Aunque falta mucho, hemos logrado transformaciones. Por ejemplo, las aseguradoras de salud en Estados Unidos ya no pueden rechazar a estas personas”, subraya.
Volkow está logrando que se entienda que la adicción es una enfermedad del cerebro. “Si eres un adolescente que recién prueba una droga, aún puedes elegir. Pero en un adicto esta decisión se vuelve automática. Por eso siempre digo que una adicción es como manejar un auto sin frenos”, sostiene.
Y es aquí donde la herencia cumple un rol. Hay investigaciones que prueban que en la adicción al cigarrillo –que ella no cataloga como menor– la mitad de los casos se debe a causas genéticas. El tema está en estudio.
Mientras hace un alto en el quinto Seminario Internacional sobre los Efectos de la Marihuana, convocado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, se queja: “Ya el mundo no puede negar que la adicción es una enfermedad. En el pasado lo negaban porque nadie había estudiado el cerebro en humanos vivos. Sin embargo, el sistema médico no ha asumido la responsabilidad de los tratamientos y la evaluación de las adicciones. No está pasando como debería”.
En el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de Estados Unidos, que esta científica y psiquiatra dirige desde el 2003, la mitad del millonario presupuesto va a becas de investigación sobre adicciones. En paralelo, ella prosigue su trabajo sobre el cerebro humano, que ha sido su fascinación desde que era una niña que observaba hormigas en su casa de Coyoacán.
“Hoy estudiamos la eficacia de nuestro cerebro para procesar información. También queremos saber cómo lo afectan las drogas, qué tan estable es, cómo cambia durante el día. Esto último me interesa porque el consumo de drogas está totalmente asociado con la hora: casi todos empiezan a consumir tipo 5 o 6 de la tarde. Está probado también en animales”, dice con pasión.
Impensable no preguntarle sobre la legalización de la marihuana en países de América Latina, como Uruguay.
“Si me baso en datos de morbilidad y mortalidad, el mayor efecto en el mundo es el de las drogas legales –responde–. En Estados Unidos, 440.000 personas mueren anualmente por tabaco y otras 100.000, por alcohol. Todas las drogas (ilegales) juntas matan a 40.000 al año. Si me pregunta si los países pueden solventar una tercera droga legal, creo que no”.
MARÍA CRISTINA JURADO
El Mercurio (Chile)
El Mercurio (Chile)
DROGAS: TÓXICOS PARA EL CUERPO AL ALCANCE DE TODOS
Fuente: DiarioADN.co
DESDE PLANTAS HASTA SOLVENTES Y PRODUCTOS QUÍMICOS, EN EL MUNDO HAY UNA AMPLIA VARIEDAD DE DROGAS.
La adopción de una ley una política pública para el tratamiento de la adicción a las drogas fue el primer paso en la lucha contra esta problemática.
Hasta el momento, en el país las estrategias contra las drogas se han centrado más en la reducción de la oferta (cultivo, producción y tráfico) que en la eliminación de la demanda.
Así las cosas, en Colombia en 2005 se gastaron 427 millones de dólares para la lucha contra la producción y tráfico de drogas –fumigación y erradicación de cultivos, operativos policiales y búsqueda de narcotraficantes-, mientras que para la prevención y el tratamiento de la drogadicción solo se destinaron 15 millones de dólares, según datos entregados por el Gobierno a la Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos – CICAD/OEA-.
Según el Estudio Nacional de Sustancias Psicoactivas en la Población Escolar Colombiana, publicado en 2008, el consumo de drogas en Colombia ha venido en aumento en los últimos años.
Entre 1996 y 2008, el porcentaje de personas que respondió haber consumido alguna droga alguna vez en su vida aumentó del 5 al 8,7 %. La droga que registró mayor aumento en su consumo fue la cocaína con 119 %, mientras que la de menor aumento fue el bazuco, con 31 %.
En el país la edad de inicio de consumo de drogas en Colombia ha disminuido ligeramente. Mientras las personas nacidas en el período de 1950 a 1956 probaban las drogas ilegales a los 24 años, los individuos nacidos entre 1978 y 1984 empezaron a hacerlo a los 18 años, según el documento de Lineamientos para una política pública frente al consumo de drogas de la Comisión Asesora para la Política de Drogas en Colombia. Y se cree que el promedio pudo haber bajado hasta los 15 años.
Por lo general, los primeros contactos se producen con las drogas legales, alcohol y cigarrillo, y posteriormente se escala a otros niveles. “Pero eso no es una norma. No toda persona que pruebe alcohol va a estar en dos años consumiendo cocaína o marihuana. No hay un patrón definido y hay muchos elementos que intervienen, como el entorno y la facilidad de acceso a ciertas sustancias”, explica la médica toxicóloga Marie-Françoise Crépy
¿Qué drogas consumen los jóvenes?
La Organización Mundial de la Salud identifica varios tipos de drogas y las clasifica según sus efectos en el ser humano. Los organismos del Estado, por lo general, solo distinguen entre lícitas –alcohol, tabaco- e ilícitas –marihuana, cocaína, LSD, éxtasis, etc.-
En la clasificación de la OMS se contemplan las drogas depresoras, alucinógenas y estimulantes.
Drogas estimulantes
Son sustancias que aceleran la actividad del sistema nervioso central y generan estados de euforia, menor control emocional, exitación motriz, disminución del sueño y deshinibición.
Las principales drogas de este tipo se consumen vía intravenosa, por ingestión (comidas) o aspiradas. Las más comunes son:
1. Cocaína: Se inhala o inyecta. Genera ansiedad, agresividad, alucinaciones, depresión y disminuye las inhibiciones. En algunas personas puede tener sensaciones de bienestar o euforia temporal. Es altamente adictiva y genera problemas que van desde abortos y malformaciones en embarazos. Cuando se mezcla con licor genera depresiones o esquizofrenia, y su puede generar la muerte por sobredosis o intoxicación.
2. Pasta base: Es el residuo de la fabricación de la cocaína que se consume mezclada con otras sustancias tóxicas como ácido sulfúrico, kerosén, plomo y metanol. Por su toxicidad, es una de la que más muertes genera.
3. Anfetaminas: Generalmente se ingieren vía oral. Generan falta de sueño y apetito, pero son causantes de múltiples lesiones cerebrales, depresiones y fallas cardíacas.
4. Éxtasis: Son sustancias químicas derivadas de las anfetaminas que generalmente se comercializan en forma de pastillas. Es alucinógena y genera sensaciones de euforia y empatía social pero su consumo deriva en alteraciones psicótivas, depresión y crisis de ansiedad.
Drogas depresoras
Alteran la concentración, estímulos externos y generan sensaciones temporales de disminución de la tensión. En este grupo se incluyen drogas legales como el alcohol, el opio y sus derivados, los los barbitúricos y los tranquilizantes. Generalmente se ingieren vía oral o se fuman.
1. Alcohol: Reduce la actividad del sistema nervioso central y genera intoxicación que deriva en pérdida de las funciones motrices del cuerpo, pérdida de memoria a largo plazo, deshidratación y problemas de coagulación. También puede provocar impotencia masculina, disminución de la autoestima y demencia.
2. Opiáceos: Son polvos que se fuman y generan estados cortos de euforia. Entre una toma y otra generan diarrea, insomnio aumento del ritmo cardíaco y escalofríos. Aunque inicialmente dan la sensación de energía y vitalidad, su efecto termina con una fuerte sensación de depresión y angustia.
3. Barbitúricos y tranquilizantes: Son medicamentos de circulación restrigida y que se comercializan como sedantes o tranquilizantes. Generan alta dependencia y su consumo a largo plazo deriva en vértigos, desmayos, problemas respiratorios y pérdida de la coordinación motriz.
Drogas alucinógenas
Son sustancias que se fuman, comen o inyectan y que alteran la percepción del espacio tiempo, aumentan la percepción sensorial especialmente de la vista y el oído y, como su nombre lo indica, pueden generar alucinaciones. Algunas de las más comunes son:
1. Marihuana: Es una droga de origen natural y se extrae de la planta llamada Cannabis Sativa. En su producción se agregan algunos químicos tóxicos como kerosén. Produce confusión, letargo, alteración de la memoria, de la percepción y distorsiona la capacidad para percibir con claridad los peligros potenciales. Altera la producción de espermatozoides en el hombre y el ciclo menstrual en la mujer, afectando así la fertilidad de ambos sexos.
2. LSD: Son tabletas o cuadros gelatinosos impregnados de sustancias químicas que producen taquicardia, aumento de la temperatura corporal, debilidad, vértigo y vómitos.Algunos expertos creen que su consumo prologando deriva en enfermedades psicológicas como esquizofrenia.
3. Ketamina: Es un anestésico de uso veterinario que se inyecta o fuma. Produce bloqueos sensoriales y en altas dosis provoca náusea y vómito. Su uso prolongado deriva en dependencia psicológica.
4. Inhalantes: Sustancias químicas, por lo general solventes, que pasan al torrente sanguíneo y generan retardo en las funciones corporales. A largo plazo generan daños en el sistema respiratorio y se ha asociado con casos de cáncer.
Nuevas drogas
Con la llegada de internet han aparecido nuevas tendencias que promueven el consumo de sustancias médicas o incluso naturales –como flores y arbustos- para lograr efectos alucinógenos.
Sin embargo –como ocurre con muchos de los contenidos generados en internet- la mayoría de la información se basa en rumores y carece de sustento científico o médico.
Por esa razón y ante el riesgo que genera para la salud física y mental, la OMS y varias organizaciones médicas en Colombia han alertado para que se evite la experimentación con elementos que podrían parecer inofensivos pero que, a la larga, podrían causar daños irreparables en el sistema nervioso, el hígado y los pulmones.
Cada vez hay más tipos de drogas y de consumidores de estupefacientes en el mundo.
Fuente: El Tiempo
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) mostró este miércoles su preocupación por el aumento en casi un 50% de las "nuevas sustancias psicoactivas" (NSP) en dos años y medio, mientras que el consumo global de las drogas tradicionales se estabilizó. "Actualmente son las nuevas sustancias psicoactivas las que plantean desafíos", previno la UNODC en un informe anual sobre drogas presentado en Viena en el marco del día internacional de la lucha contra la droga.
"Vendidas como 'euforizantes legales' y 'drogas de síntesis', las NSP proliferan a un ritmo sin precedentes y plantean desafíos inéditos de salud pública", añadió la organización basada en Viena.
Entre finales de 2009 y mediados de 2012, su número pasó de 166 a 251, superando por primera vez la cifra de sustancias bajo control internacional (234), estimó la UNODC.
En Europa, donde el número de NSP pasó de 14 en 2005 a 236 en 2012, el 75% de su consumo se concentra en cinco grandes países: Reino Unido, seguido de Polonia, Francia, Alemania y España.
A nivel mundial, el cannabis sigue siendo la droga ilegal más utilizada, con 180 millones de consumidores, según las últimas estimaciones de las que dispone la UNODC. Este dato corresponde al 3,9% de la población con edades comprendidas entre los 15 y los 64 años. "África parece ganar importancia como itinerario del tráfico marítimo", señaló la UNODC.
Esta oficina señaló un recorrido cada vez más utilizado para alimentar los mercados de consumo, que parte del sur de Afganistán para llegar hasta los puertos de Irán o Pakistán, de ahí alcanzar África del Este o del Oeste y finalmente satisfacer la demanda de los mercados. Afganistán, donde en 2012 se registró el 74% de la producción mundial ilegal de opio, sigue siendo su principal productor.
Potencialmente mucho más peligrosas que las drogas tradicionales, las NSP pueden inducir al error a jóvenes consumidores, con nombres como "especia", "miau-miau" o "sales de baño", "haciéndoles creer que se entregan a un placer sin riesgo", añadió la ONU. Sus efectos nefastos y su potencial de adicción siguen siendo por el momento poco conocidos, mientras que los criminales se aprovecharon de las debilidades de la aplicación de la ley para crear un mercado muy lucrativo, reveló la ONUDC.
El consumo de NSP está al alza en la Unión Europea (5% jóvenes de 18 a 24 años ya consumieron), mientras que en los últimos años, el consumo de marihuana bajaba y el de las otras drogas seguía estable.
En Estados Unidos, las NSP son las drogas más consumidas entre los estudiantes y están presentres en Asia y Africa.
Más de 60% de los países mencionados en el informe de 2013 de la ONUDC indicaron que "el uso desviado de sedativos y tranquilizantes" forma parte de los tres tipos de sustancias más consumidas.
La ONUDC añadió que "el continente africano es cada vez más importante y vulnerable en lo que respecta a la proliferación de los itinerarios de tráfico", advirtió la ONUDC.
Una nueva ruta terrestre de tráfico de heroína se habría creado por parte de Irán y Pakistán hasta Oriente Medio, agregándose a la tradicional Ruta de los Balcanes en Europa.

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