viernes, 13 de junio de 2014

El docente CESDE y su relación con el oficio de maestro


Por: Rober Restrepo Betancur
Director de la Escuela de Informática




“La profesión de profesor abarca todos los matices inimaginables, desde una vida rutinaria y desencantada, hasta un elevado sentido de vocación”, expresa el escritor y profesor George Steiner en su libro Lecciones de los maestros.

Y es que la concepción de docente que tiene definida CESDE, va más allá de sólo impartir conocimientos en un área determinada, es decir, de llevar a cabo un oficio rutinario, por el contrario invita a la reflexión permanente para dotar de sentido todo lo que se hace con los estudiantes, desarrollando un alto nivel de vocación.

Por otro lado, el doctor en educación Fernando Vásquez Rodríguez, en su libro: El oficio del maestro plantea que “La educación es algo más que una mera emisión de información y el profesor ya no es un emisor, un ejecutor pasivo de conocimientos… La educación es una permanente zona de negociación, de cambio de lugar, de tener la palabra pero también de propiciarla… El profesor ya no es jerárquico, lejano, tampoco puede ser el burócrata que ve las clases como trámite y obligación”.

Es exactamente en este último aspecto en el que se diferencia el docente que tiene verdadera vocación de maestro, de aquel que carece de ella. Un docente con vocación de maestro no enseña, acompaña a sus estudiantes para que desarrollen los conocimientos y las habilidades propias del objeto de estudio.

Un docente con vocación de maestro hace que sus estudiantes lo escuchen porque siempre tiene algo importante que aportarles, pero asimismo los escucha y les da participación porque ellos también tienen mucho que enseñar. Un verdadero docente con vocación de maestro no desarrolla una clase simplemente por cumplir con un contrato, la desarrolla porque ve en ella la oportunidad de hacerse eterno en la memoria de sus estudiantes y encuentra en ese espacio el momento oportuno para transformar la vida de aquellos que ven en él un modelo personal y profesional a seguir.

Podemos entonces referenciarnos en el libro El arte de enseñar, del filólogo Gilbert Highet, en el cual define las cualidades de un buen maestro:

  •   Ante todo tiene que conocer necesariamente su asignatura.
  •   Debe gustarle el tema.
  •  Debe querer a los alumnos.
  •   Debe estar dotado de intereses intelectuales excepcionalmente amplios y vivos.
  •   Debe tener buena memoria y fuerza de voluntad.
  •  Y, sobre todo, debe tener mucha bondad.

Para ponernos en el contexto de CESDE, podemos agregar a estas cualidades las siguientes:

  •  Debe interpretar las necesidades del entorno, para enseñar lo que el estudiante verdaderamente requiere aprender.
  •  Debe acompañar permanentemente a sus estudiantes para que desarrollen las competencias establecidas.
  •  Debe implementar metodologías variadas que posibiliten la aprehensión de conocimiento de todos sus estudiantes. 
  •   Debe sentir un profundo respeto por sus estudiantes, colegas y demás miembros de la comunidad académica. 
  •  Y muy importante, debe aceptar el reto planteado en la misión institucional de “Transformar Vidas”.


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