lunes, 9 de febrero de 2015

Trabajar y estudiar es aconsejable

La experiencia no riñe con los estudios de posgrado, por el contrario los estudios complementados con experiencia logran que el profesional sea mucho más competitivo.
POR JUAN DAVID UMAÑA GALLEGO | PUBLICADO EL 27 DE ENERO DE 2015
Los estudios de posgrado son tan importantes como la experiencia que el profesional pueda adquirir con el trabajo cotidiano.
Los dos se pueden obtener al mismo tiempo y no son enemigos, lo que depende del orden y la administración del tiempo que tenga el futuro especialista.
Complementos
“Cuando consideramos los posgrados como parte integral del proceso de mejoramiento profesional, es evidente que las especializaciones son aliadas estratégicas de la experiencia laboral”, expone Marcela Omaña, coordinadora del Área de formación avanzada de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Agrega Omaña que esto permite ser más competitivos en el mercado laboral, y a las compañías adaptar mejor los perfiles de sus cargos a las necesidades reales de su organización “disminuyendo el tiempo asociado a la capacitación y formación de cargos altamente especializados”.
Los estudios de especialización y la experiencia laboral se complementan.
Es imposible para un profesional universitario, como lo sugiere Carlos Mario Morales, decano de la Facultad de estudios empresariales y mercadeo de Esumer, quedarse solo con el pregrado en una sociedad en la que el desarrollo acelerado de la tecnología y la dinámica económica están en constante cambio.
“Por esto es necesario que escale a niveles superiores del conocimiento para darle valor a la experiencia que va adquiriendo en su vida laboral”.
Es posible que mientras el profesional trabaja y hace su especialización, aparezcan nuevos retos laborales, que requieran nuevas competencias, competencias que estaría aprendiendo a medida que hace sus estudios.
“La experiencia no riñe con los estudios. Por el contrario, los estudios complementados con experiencia logran que el profesional sea mucho más competitivo”.
El tiempo
Decidir hacer un estudio de posgrado antes o después de iniciar un trabajo tiene que ver con las exigencias del cargo que el profesional asumirá.
Morales añade que para el caso de cargos con poca tolerancia al aprendizaje práctico, es indispensable llegar preparado a través de un programa de posgrado.
No obstante, existen cargos que resisten el aprendizaje del empleado con la práctica, caso en el cual podría hacer de forma paralela o un tiempo después sus estudios.
Queda claro que la especialización y la experiencia laboral no son enemigos.
Saber administrar el tiempo y elegir el posgrado traerá más satisfacciones, aunque siempre con el sacrificio.
Tomado de: http://www.elcolombiano.com/colombia/educacion/especializacion-vs-experiencia-laboral-juan-AE1170165

miércoles, 15 de octubre de 2014

Los cinco profesores que deberíamos tener Maestros ejemplares de colegios destacados en pruebas Saber 11 hablan de las claves de su modelo.

Son inolvidables. Son esos maestros que se salen del molde y dan a sus estudiantes una experiencia digna de ser recordada toda la vida. Ellos hacen parte de una buena experiencia educativa, que va más allá de la calidad. Conocen la importancia de usar métodos de enseñanza alternativos y de incluir la diversión en sus lecciones.
EL TIEMPO hizo una selección de cinco profesores de colegios que se han destacado en los últimos años en las pruebas Saber 11 (el antiguo examen del Icfes). Los nombres de los candidatos fueron entregados por los rectores de esas instituciones, que tuvieron en cuenta no solo su nivel de excelencia, sino también el aprecio y el respeto que les profesan alumnos y exalumnos.
Rosa Helena Álvarez
Con la radiografía de un tórax, Rosa Helena Álvarez les enseña anatomía a los pequeños de preescolar que tiene a cargo en el Colegio La Quinta del Puente, de Floridablanca (Santander). “Los niños, en esencia, son exploradores. Me interesa sembrarles la semilla de la investigación y mejorar su visión de la ciencia, que la vean sencilla”, explica antes de repartir batas de laboratorio, un microscopio y el rompecabezas de un esqueleto sonriente. Las experiencias personales de los alumnos también se convierten en materia de indagación, y mediante el juego se integran a la clase, que dura media hora. “Ser científico no se trata de ser alguien alejado, entregado a una profesión, sino de ser capaz de curiosear y de ir más allá de lo que el mundo nos muestra”, concluye Álvarez, que tiene 18 años de experiencia.
Marina Larrahondo: química entre amigos
Una clase suya parece una conversación entre amigos. Sin perder rigor, la profesora de química del grado 11 del Colegio San Jorge de Inglaterra, de Bogotá, se dirige a sus estudiantes con frescura y ellos retribuyen su confianza con preguntas y comentarios pertinentes. Otra de sus claves es aterrizar la teoría aprendida en situaciones de la vida real o vistas en cine. No es raro que los alumnos mencionen ejemplos vistos en los noticieros o en series de televisión como ‘Breaking Bad’. Al final de la lección, sus pupilos aseguran que es tan entretenida que parece que los 45 minutos que dura se hacen cortos. “Siempre nos deja con ganas de más, de que la próxima clase llegue pronto”, afirma uno de ellos.
Beatriz Lora, moderadora de debates
Es evidente el entusiasmo de los estudiantes de quinto del Colegio Los Nogales, de Bogotá, en la clase de ciencias sociales: parece una competencia por ver quién habla primero y mejor. El papel de la docente se parece más al de la moderadora de un debate. La participación es uno de los cuatro mandamientos que la profesora Lara mantiene en el tablero. Los otros tres son oír, escribir y leer. Con 45 años de experiencia, ella reconoce que la clave del éxito para los maestros es estar actualizados y plantear desafíos interesantes a los alumnos. “Por ejemplo, en historia los reto a que comparen las situaciones del pasado con las del presente, para estimular su pensamiento crítico y sus habilidades de comunicación”, cuenta.
Los inolvidables cuentos de Sandra Madrid
Para Sandra Madrid siempre será importante empezar su clase con una sonrisa. Su método de enseñanza parte del amor a su profesión y del cariño que siente por sus alumnos de preescolar, que no le quitan la mirada de encima cuando les habla –con sus ojos grandes, su larga cabellera y sus gestos exagerados– sobre Rafael Pombo, las maravillas de la lectura y lo sabroso que puede ser un buen cuento en cualquier momento del día. Tras 14 años como docente del Colegio Diana Oese, de Cali, se enorgullece de que muchos estudiantes la sigan visitando en ese pequeño salón de 12 puestos que alguna vez usaron para aprender español. “No olvido los cuentos que nos enseñó. El cariño que le tenemos es gigante”, asegura María Camila García, de noveno.
Diego Ferreira y sus productos
En medio de herramientas como caladoras y taladros, este profesor enseña a alumnos de grados sexto a noveno a colaborar para crear productos. En su clase, lo menos importante es el resultado, pues el acento está puesto en el proceso para llegar a él y en el uso efectivo del tiempo en el aula, razón por la cual no deja tareas. “El objetivo es que los estudiantes encuentren los problemas y, de igual manera, las soluciones”, explica este hombre de 31 años, hijo de maestros y encargado de dictar product design (diseño de producto), materia del currículo del Colegio Internacional de Educación Integral (Ciedi), de Bogotá. Ferreira se graduó del Ciedi y es docente desde hace tres años.

miércoles, 20 de agosto de 2014

5 Maneras de enseñar a premiar el error entre tus alumnos

 Escrito por Santiago

Tomado de: http://justificaturespuesta.com/5-maneras-de-ensenar-a-premiar-el-error-entre-tus-alumnos/

Sí, has leído bien. Se puede y se debe premiar del error. Hay que enseñar a premiar el error. ¿Por qué? Muy sencillo. Premiando el error consigues que tus alumnos ganen en confianza, refuercen su autoestima y mejoren su autoconcepto. La escuela desde siempre ha castigado el error, lo ha penalizado. Y ese ha sido uno de sus mayores errores. Y te diré por qué. Pues porque un alumno que nunca se equivoca nunca aprenderá nada nuevo. En este artículo tengo la intención de enseñarte 5 formas de premiar el error entre tus alumnos para fortalecer su autoestima. ¿Me acompañas?

1. Premiar las intervenciones, no las respuestas. Intenta dejar muy claro desde el principio que el error forma parte del aprendizaje. Del error se puede aprender, del error te puedes reír, no de los compañeros, sino conlos compañeros Por eso, tienes que premiar la acción y la participación y dar un valor secundario a las respuestas que te den tus alumnos. Si premias las intervenciones, entonces harás que tu clase sea más participativa, más plural, que todos los alumnos tomen el riesgo de equivocarse. Todos, sin excepciones.
2. Modificar la percepción en pruebas y exámenes. Refuerza los aciertos. En pruebas y exámenes puedes incidir en los aciertos o reforzar los errores. Fíjate en la diferencia que existe entre estas frases:
  • Castiga el error: Tienes siete errores. 
  • Castiga el error: Sólo has acertado tres de las diez preguntas de la prueba.
  • Premia el error: Has conseguido tres aciertos. Si te esfuerzas un poco más seguro que conseguirás aumentar el número de respuestas acertadas.
3. Insistir en que el error es el inicio de la respuesta correcta. Es muy frecuente preguntar oralmente a los alumnos. En el caso de que se equivoquen a la hora de responder, aprovecha este error para centrarte en la respuesta que ha dado, no en la pregunta que tú querías que diera. Fíjate en este posible diálogo entre docente y alumno:
  • Docente: ¿A qué categoría gramatical pertenece la palabra ‘hermoso’?
  • Alumno: Es un sustantivo.
  • Docente: ¿Cómo termina la palabra?
  • Alumno: En -oso.
  • Docente: Busca una palabra que acompañe a hombre y que acabe en -oso.
  • Alumno: Hombre furioso.
  • Docente: ¿Cómo definirías furioso?
  • Alumno: Es una cualidad.
  • Docente: ¿Y a qué categoría pertenecen las cualidades?
  • Alumno: A la categoría del adjetivo.
  • Docente: ¿Puedes poner la palabra ‘hermoso’ a continuación de la palabra hombre?
  • Alumno: Si, hombre hermoso.
  • Docente: Por tanto, hermoso es una cualidad.
  • Alumno: Sí, así es.
  • Docente: Entonces, ¿a qué categoría pertenece la palabra hermoso?
  • Alumno: No es un sustantivo, es un adjetivo.
  • Docente: Felicidades. La respuesta es correcta.
4. Matizar los errores y acentuar los aciertos. Hemos quedado en que no hay respuestas erróneas. Simplemente, que hay respuestas que necesitan más preguntas para que se acierten. En este sentido es fundamental la primera respuesta que des cuando un alumno te responda de forma errónea. Por el contrario, debes acentuar, debes reforzar al máximo cuando se acierte.
5. Compartir el error. Siempre he pensado que el error es la viva imagen de la soledad. Cuanto te equivocas te quedas completamente solo con tu error. Nadie quiere acompañarte. Hay que cambiar esa percepción tanto como sea posible. ¿Cómo? Enseñando a tus alumnos a pedir ayuda a sus otros compañeros e intentado que sean ellos quienes lo elijan, no tú. ¿Qué conseguirás con ellos? Algo fundamental. Compartir el error, compartir la primera frustración que se siente al no tener la respuesta que quieres. ¿Cómo hacerlo? Aquí te dejo un ejemplo:
  • Docente: ¿Cuál es la capital de Francia?
  • Juan: No lo sé.
  • Docente: ¿Qué compañero te gustaría que te ayudara a responder a la pregunta?
  • Juan: Andrés.
  • Docente: Andrés, ¿sabes cuál es la capital de Francia?
  • Andrés: Creo que es París.
  • Docente: Juan, ¿tú qué crees?
  • Juan: ¡Sí, es París! Ahora me acuerdo.
  • Docente: Felicidades a los dos. Ambos habéis acertado la pregunta.
La escuela de hoy aborrece el error, penaliza el error, castiga el error, cuando el error es una extraordinaria oportunidad de educar a tus alumnos. Por eso, no eduques a tus alumnos para que nunca se equivoquen. Educa a tus alumnos para que cuando se equivoquen, cuando cometan un error, sean conscientes del aprendizaje que eso implica y del valor que tiene para su autoestima, para su inteligencia emocional.
Los peores errores de la vida son los que no cometemos

martes, 19 de agosto de 2014

10 Errores que todo docente debería evitar. ¡Atención con el número #8!

Escrito por 

Ser docente en estos tiempos se ha convertido en una profesión de riesgo. Sin duda, el factor vocacional es determinante a la hora de elegir una profesión exigente y que supone una enorme responsabilidad. Lamentablemente, en las facultades no se nos prepara para una labor que a mi modo de ver marca buena parte del destino de una sociedad. Muchos de nosotros hemos ido aprendiendo a ser profesores más por nuestros errores que por nuestros aciertos.

Pues bien, en este artículo os quiero dar a conocer algunos errores que son  muy comunes en nuestra profesión y que creo que con poco esfuerzo podemos corregir y mejorar así nuestras labor docente. Siempre me gusta decir que errar nos hace humanos, y que rectificar no convierte en buenos profesionales.

¿Qué errores podemos evitar como docentes?

1. Falta de visibilidad. La presencia y visibilidad en el aula es un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de impartir una sesión lectiva. Ya me he referido en otros artículos a la importancia de que los alumnos siempre tengan una referencia visual del profesor en el aula. Para ello es fundamental que estemos preferentemente de pie y en constante movimiento, para que los alumnos fijen su atención hacia nosotros. Ello nos permitirá tener un mayor control del grupo clase. Sobre este aspecto os recomiendo la lectura del artículo ¿Cómo es mejor dar una clase de pie o sentado?
2. Oír sin escuchar. Un aspecto al que le doy mucha importancia en mis sesiones lectivas es intentar no sólo oír a mis alumnos, sino también escucharlos. La diferencia entre oír a una persona y escucharla es enorme, ya que cuando la escuchamos lo estamos haciendo de forma activa y les transmitimos a nuestros alumnos que aquello que nos está diciendo es importante tanto para ellos como para nosotros. Los alumnos de una clase demandan atención en todo momento. De ahí que en la medida que nos sea posible, debemos esforzarnos para escuchar con atención aquello que nos quieran decir. Con ello aumentaremos la empatía y mejoraremos nuestra relación con ellos. Aquellos docentes que sólo oyen a sus alumnos pero no interactúan, corren el riesgo de tener una relación distante y ello repercute negativamente en la relación del docente con el grupo. Para saber más sobre este apartado os recomiendo la lectura del artículo 5 consejos para aumentar la empatía con tus alumnos.
3. No mantener el contacto visual. La comunicación no verbal de un docente, aquella que se transmite a través de los sentidos, resulta fundamental en el desarrollo de una sesión lectiva. Bien es cierto que los docentes enseñamos a través de la palabra oral y escrita, pero también comunicamos a través de nuestro cuerpo y, por supuesto, con la mirada. Referente a la mirada hay un aspecto que es importante corregir y es el hecho de hablar a nuestros alumnos sin mirarlos directamente a los ojos. No mantener un contacto visual con nuestros alumnos repercute negativamente en la relación y en el aprovechamiento de nuestras sesiones lectivas. No mirar a nuestros alumnos transmite inseguridad, duda, incomodidad, falta de empatía… No mirar a nuestros alumnos hace que exista un distanciamiento con ellos que luego repercute negativamente en nuestra relación con el propio grupo.
 4. No cumplir con lo prometido. Lo prometido es deuda. Todos sabéis el sentido de la justicia que tienen, por lo general, los alumnos. Incluso añadiría que además de sentido de la justicia tienen muy buena memoria para aquello que les conviene. De ahí la importancia de ser muy escrupulosos con aquello que les prometemos, porque si ya de antemano sabemos que no vamos a cumplirlo, esta promesa no cumplida se volverá en nuestra contra. Esto sirve tanto para las promesas como para con las amenazas en caso de no cumplir con las normas del centro. Un docente que no mantiene su palabra o que no cumple con sus palabra es un docente que poco a poco va debilitándose frente al grupo y puede afectarle muy negativamente en el caso de que quiera ganarse su respeto.
5. Prolongar el tiempo de corrección. Profesor, ¿tienes los exámenes corregidos? Seguro que se trata de una pregunta que si no a todos, a casi todos os habrán hecho en algún momento. Todos somos conscientes del esfuerzo que implica la corrección de ejercicios, trabajos exámenes… Pero creo que es importante hacer un esfuerzo por entregar dicha corrección en la mayor brevedad posible. La rapidez en la corrección es algo que los alumnos valoran muy positivamente y hace que te ganes el respeto de tus alumnos, porque consciente o inconscientemente te conciben como un profesional implicado y eficaz. El hecho de entregar con rapidez aquello que hemos corregido también le da valor a la corrección en sí en el caso de que queramos hacer algún inciso o comentario en clase. Hay docentes que tardan semanas en la corrección y ello repercute negativamente en su beneficio. Sobre cómo ganarse el respeto de tus alumnos recomiendo la lectura del artículo 5 consejos para ganarse el respeto de tus alumnos.
6. No utilizar el mismo código. Para que exista una correcta comunicación entre dos personas, estas deben conocer y compartir el mismo código. En muchas ocasiones se producen problemas de relación entre alumno y docente porque la fractura que existe del código de cada parte es insalvable. Los docentes tenemos la facultad de dominar todos los registros de una lengua, desde el culto hasta el vulgar, pasando por el coloquial. El error que cometemos es pensar que también nuestros alumnos dominan todos estos registros. En la medida que seamos capaces de compartir al máximo el mismo código, más fluida será la relación entre alumno y docente y mayor será el grado de comprensión. Con ello no digo que debamos situarnos a su nivel de competencia lingüística, sino que se trata de encontrar un equilibro entre aquellos que les podré enseñar como nuevo y el registro que utilizaré para que ese conocimiento llegue a todos los alumnos.
7. No dejarnos influir por nuestro estado de ánimo. Siempre he admirado a los presentadores de noticias de la televisión porque siempre tienen el mismo semblante, pese a que seguramente tendrán como todos nosotros sus días buenos y sus días malos. A esto se le llama profesionalidad. Pues bien, creo que esta profesionalidad también debería ser aplicable a los docentes. En muchas ocasiones nos dejamos llevar por nuestros problemas personales y los trasladamos a nuestras sesiones lectivas. Tenemos poca paciencia, nos sentimos irritados, gritamos por cualquier nimiedad, expulsamos a alumnos de forma arbitraria. A mí me gusta pensar que cuando entro en una clase es como si entrara en un plató de televisión. Al ponerme delante de mis espectadores, los alumnos, debo dar lo mejor de mí mismo, independientemente del estado de ánimo en el que me encuentre. Ser profesional bajo cualquier circunstancia es la mejor forma de dignificar muestro trabajo.
8. No educar desde el respeto, sino desde el miedo y la autoridad.Muchas veces los docentes mezclamos conceptos como la educación, el respeto y la autoridad. Son expresiones que por sí darían para varios artículos. En este caso sólo quiero incidir en la importancia de no tratar de educar desde el miedo y la amenaza. En muchas ocasiones asimilamos el control de una clase con medidas que fomentan el miedo a nuestros alumnos o la amenaza ante el incumplimiento de alguna norma. Creo que es un error. Desde el principio debemos enseñar a nuestros alumnos desde el respeto, desde la responsabilidad. Hay docentes que se vanaglorian de que en su clase no hay problemas de disciplina. Lo que no dicen es que esta disciplina viene condicionada por el miedo que le tiene los alumnos. Nunca hay que enseñar desde el castigo, la amenaza o el miedo. Si así lo creéis posiblemente os habéis equivocado de profesión.
9. Enseñar sin educar. Los docentes solemos cometer el error de pensar que nuestra profesión consiste en la transmisión pasiva de conocimientos, en la transmisión unidireccional de contenidos a través de lo que podríamos llamar una clase magistral. Creo que este enfoque es erróneo. Y es erróneo porque un docente es mucho más que un mero transmisor de conocimientos. Un docente es aquel que además de enseñar es capaz de invertir, repito, invertir, todo el tiempo que haga falta en educar a sus alumnos, en transmitirles valores como el de la solidaridad y la cooperación.
10. Mezclar lo profesional con lo privado. Redes sociales. En la sociedad actual la privacidad se está convirtiendo en un lujo. El ámbito privado de los docentes es algo que debemos tener muy en cuenta, porque un mal uso de nuestra privacidad puede afectarnos muy negativamente. Me parece importante que en nuestras sesiones lectivas nos centremos en lo educativo y no en lo personal. Se trata de mantener una distancia con nuestros alumnos, en especial, por lo que a las redes sociales se refiere. De ahí que sea necesario mantener unas pautas de actuación muy estrictas. Lo digo porque los alumnos tienen la costumbre de bombardearnos con preguntas sobre nuestra vida privada, nos envían solicitudes a nuestros perfiles sociales, preguntan a otros compañeros de profesión sobre aspectos relacionados con nuestra familia, edad, estado civil… Es por ello que creo conveniente guardar con mucho celo nuestra vida privada, porque a corto o a medio plazo, la información personal que podamos dar a nuestros alumnos podría afectarnos negativamente. En mi caso, por ejemplo, no acepto jamás ninguna solicitud de un alumno de ninguna de las redes sociales de las que formo parte.
Revisando todos estos errores me doy cuenta de que la profesión de docente exige por nuestra parte una dedicación y una vocación extraordinarias. Siempre he pensado que los mejores docentes son aquellos que, habiéndose equivocado una y otra vez, tienen la capacidad de levantarse todas las mañanas para enfrentarse al reto apasionante que supone la docencia. Para aquellos que amamos esta profesión tiene tanto de reto como de pasión. Aquellos que nos dedicamos a la docencia debemos dar a en cada sesión lectiva lo mejor de nosotros mismos, vaciarnos en clase, entregarnos para que nuestros alumnos adquieran valores y conocimientos, enseñarles a través de la palabra y educarles desde el corazón. Si tú eres uno de ellos, desde aquí mi más sincera felicitación porque,
TODO SE PUEDE APRENDER. TODO SE DEBE ENSEÑAR.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La fórmula Thoreau para una vida exitosa /

El éxito puede ser una categoría complicada. Para muchos, se trata de una realidad sumamente relativa, que depende desde dónde se le mire y bajo qué criterios se juzgue. Exitosa puede ser una persona con habilidad para los negocios pero también un artista talentoso; exitosa es una persona que vive tranquilamente, sabiendo con claridad cuáles son sus necesidades.
Con semejante diversidad de circunstancias, ¿será posible plantear una especie de “denominador común” que compartan todos los casos de éxito?
No lo sabemos, pero podemos jugar con la idea. Podemos recurrir a H. D. Thoreau y pensar al éxito desde una perspectiva distinta, más romántica quizá, pero por ello mismo subversiva al respecto de la definición hegemónica de nuestra época.
Como sabemos, en algún momento de su vida Thoreau se fue a vivir a los bosques de Walden, en Massachusetts, con el fin de reflexionar sobre la vida humana. Su libro homónimoda cuenta de este examen a un tiempo minucioso y sensible, sencillo y profundo. Ahí también se encuentra este fragmento, en donde el escritor estadounidense sugiere uno de los caminos del éxito:
Con mi experimento aprendí al menos que si uno avanza confiado en la dirección de sus ensueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes. Dejará atrás algunas cosas, cruzará una invisible frontera; unas leves nuevas, universales y más liberales, principiarán a regir por sí mismas dentro y alrededor de él; o las viejas leyes se expandirán y serán interpretadas en beneficio suyo en un sentido más generoso, y vivirá con el permiso de seres pertenecientes a un orden más elevado. En la proporción en que haga más sencilla su vida, le parecerán menos complicadas las leyes del universo y la soledad no será soledad, ni la pobreza será pobreza, ni la debilidad será debilidad. Si uno ha construido castillos en el aire, su tarea no se perderá; porque ahí están bien edificados. Que tan sólo ponga ahora los cimientos bajo esos castillos.
¿Por qué hemos de tener una prisa tan grande en triunfar, y en empresas tan desesperadas? Si un hombre no marcha a igual paso que sus compañeros, puede que eso se deba a que escuche un tambor diferente. Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota. No importa que madure con la rapidez del manzano o del roble. ¿Cambiará él su primavera en estío? Si todavía no existe la coyuntura de las cosas para las que fuimos creados, ¿con qué realidad las reemplazaríamos? No debemos encallar en una realidad hueca. ¿Construiremos con trabajo un cielo de vidrio azul sobre nosotros, para que cuando esté hecho nos afanemos en contemplar, más lejos y arriba, el verdadero cielo etéreo, como si no existiera el anterior?
¿Existe tal cosa como una fórmula para la vida exitosa? No lo sabemos, y lo más probable es que Thoreau tampoco la conociera. Pero, en cualquier caso, su recomendación está ahí: atiende a tu deseo, reconoce qué es lo que realmente quieres, haz lo necesario para volverlo realidad.
Parafraseando el motto renacentista, ¿no sería esta satisfacción su propia recompensa?